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Situación
geográfica:
Carboneras, situada en el
litoral levantino almeriense, se desarrolla en torno
al paralelo 37º N, que pasa por su núcleo
urbano y que es conocido como el paralelo de las civilizaciones,
pues en torno a él se han desarrollado las
grandes culturas de la humanidad. Con una superficie
de 95,50 km2 ocupa el 1,08 por 100 del total provincial.
Geomorfológicamente, su territorio está
articulado por un conjunto de unidades paralelas a
la línea de costa: su relieve, formado por
basamentos volcánicos, mantos béticos
y sedimentos neógenos, manifiesta una gran
variedad, fruto de la evolución natural.
Sus elementos más característicos están
constituidos por tres grandes tipos de unidades. Los
glacis de cobertera, que se extienden entre Agua Amarga
y el núcleo de Carboneras, los cuales aparecen
encajados y surcados por un conjunto de ramblas, Rincones,
Pozo, Olivera. Terrazas marinas, como la situada en
torno al núcleo urbano, formadas por conglomerados
y arenas. Por último, las "mesas",
planicies elevadas como la de Mesa Roldán,
formada de materiales calizos, oolitos, calizas arrecifales
y brechas coralinas. La geología de la zona
es compleja, como consecuencia del funcionamiento
del "accidente de Carboneras", sistema de
fallas de dirección N 40º-50º, responsable
de la variada tectónica de este territorio.
Sus costas continentales se extienden desde el límite
con Agua Amarga, Punta de Media Naranja, a la rambla
de la Granadilla en el límite con Mojácar.
Son escarpadas y articuladas en el conjunto de Mesa
Roldán, y, en menor medida, en la Punta del
Rayo.
La mayor parte de su trazado es rectilíneo
o describiendo algunos arcos de gran belleza, que
configuran playas como Algarrobico, Lancón,
Carboneras, Cocones, Martinica, Torrevieja, Salinicas
y Muertos. Las costas insulares se desarrollan en
torno al peñón de San Andrés.
Su red hidrográfica la constituyen el sistema
de ramblas, siendo su curso más importe el
río Alias, que ha tenido un cierto caudal de
agua y ha sido zona tradicional de asiento de molinos.
La bondad climática de Carboneras es paradigmática,
no conoce ningún mes frío, menos de
6 ºC. Su temperatura media anual se sitúa
en torno a los 18 ºC, cuya isoterma recorre de
N a S su territorio. Las precipitaciones son escasas,
menos de 200 l/m2 año, con sequía estival
y grandes irregularidades. Es, pues, un clima subdesértico
árido.
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Orígenes:
La existencia de Carboneras
como núcleo habitado permanentemente se sitúa
en torno al siglo XVII a raíz de la construcción
del Castillo de San Andrés y la consiguiente
distribución de tierras de labor a los soldados,
así como a la creación de una almadraba.
Todo ello por iniciativa del Marqués de Carpio
don Diego Lope de Haro y Sotomayor, como consecuencia
de las constantes acciones de los piratas berberiscos
y de los turcos sobre el territorio de su soberanía,
y que ocasionaban grandes daños, como fue el
famoso saqueo de Cuevas por el pirata El Doghali tras
recorrer toda la zona.
Con anterioridad, se sabe de la ocupación de
la costa por el establecimiento de vigilantes en las
torres y atalayas del litoral, que desde la época
nazarí ejercían sus funciones, continuando
a partir de la conquista por los Reyes Católicos
con mejor o peor fortuna. Pero el aislamiento de la
zona y los riesgos del servicio hicieron inviable
una mínima ocupación humana, de hecho
el abandono de estos establecimientos fue una constante.
Ello planteó la necesidad de concentrar un
núcleo de fuerzas militares con cierta consistencia
al amparo de un sistema eficaz de defensa; surge así
la idea de la erección del Castillo de San
Andrés, proyecto que fue aprobado por el rey
Felipe II en real cédula del 11 de octubre
de 1583, confirmada años más tarde,
pero ejecutada de forma muy provisional en 1602, acometiéndose
las obras definitivas en 1621.A partir de 1688, el
Castillo pasa a la Casa de Alba, que se encarga de
dotarlo, nombrar a un alcaide y pagarlo. Grima (1993)
señala que "se puede afirmar con toda
rotundidad que Carboneras comienza a salir de los
muros de su castillo y a crecer a partir de los primeros
años del siglo XVIII". En efecto, la seguridad
del litoral español es ya en esas fechas una
realidad.
Consecuencia de esta situación, el poblamiento
es más intenso a la vez que comienza una etapa
de expansión general de la economía
y de la población. En 1752, en el momento de
realizarse el Catastro de Ensenada, el castillo de
Carboneras contaba con una guarnición permanente
de 25 militares. Un oficial, un sargento, dos cabos,
un tambor y 24 números del Cuerpo de Inválidos
de Artillería. En 1776 se mandó edificar
un nuevo castillo en Mesa Roldán, que junto
con las torres vigías dotaron de más
seguridad a la zona, lo que permitió una mayor
prosperidad económica dentro del esquema de
las limitaciones y oportunidades naturales. La explotación
de la barrilla, el esparto y la pesca, junto con la
agricultura tradicional, constituyeron la base de
su economía. El 1 de junio de 1813, Carboneras
se erigía en municipio independiente; había
dejado de ser el quinto barrio de Sorbas.
A mediados del siglo XIX, el Diccionario Geográfico-Estadístico
de Madoz nos habla de que tiene 300 casas y 1.800
vecinos, una plaza, calles de buen piso y alineadas,
casa consistorial y cárcel, así como
el castillo con un gobernador y 27 servidores. Destaca
la pesca como actividad económica, a la que
se dedica ocho laúdes con artes de arrastre
y tres palangres con unas 200 personas y algunos muchachos.
En 1860 el nomenclátor nos señala que
el municipio de Carboneras cuenta con 383 casas y
una población de 2.702 personas, de las cuales
1.700 viven en el núcleo y los restantes repartidos
en 36 núcleos, cortijadas y molinos, siendo
los más poblados los Llanos de D. Antonio,
Argamasón y el Saltador.
En 1900, Carboneras tiene ya un núcleo con
23 edificios de dos plantas de las 1.170 que se catalogan
y una población de 4.706 personas, que diez
años más tarde será de 6.035
habitantes. A partir de aquí la emigración
comienza a notarse, la pérdida de oportunidades
económicas es manifiesta; hasta 1981 no se
vuelve a tener la misma población que en la
década de los años veinte. El año
1970 supone el punto más bajo de la inflexión,
con sólo 5.011 habitantes, han desaparecido
núcleos por abandono, el nomenclátor
de 1960 sólo señala 16 núcleos
habitados. En la actualidad, los núcleos de
población considerados son: El Argamasón,
El Cañarico, Carboneras, La Cueva del Pájaro,
La Islica, Los Llanos de Don Antonio, El Saltador
Alto y El Saltador Bajo, que son en definitiva los
que siempre tuvieron más población a
lo largo de toda su historia.
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Economía:
La tradicional vinculación
de los habitantes de Carboneras al sector primario,
agricultura y pesca, se ha visto recuperada por el
proceso de industrialización y el desarrollo
de los servicios.
Producción energética, cementos y derivados
constituyen las bases de su estructura productiva
y los núcleos de articulación de una
futura expansión industrial vinculada a ellos,
producción de agua desalada, componentes cerámicos,
etc., sin olvidar los aspectos de su producción
tradicional como la pesca, que se ve reforzada con
la acuicultura, como es el caso de la piscifactoría
ya en producción.
El frente portuario de Carboneras no tiene precedentes,
tres puertos especializados dan juego a los sectores
productivos, energía, cemento, pesca-turismo,
que llegan incluso a batir records. Buques de más
de 250.000 Tm. han atracado recientemente. El turismo
y los servicios en constante expansión cuentan
en su desarrollo con la belleza paisajística
y la calidad ambiental de sus espacios, pese a la
industrialización.
CARBONERAS es, ante todo, antítesis de paisajes,
de usos del espacio, de vocaciones. Entre la industria
y el turismo, al borde del riesgo, como siempre ha
vivido, como su propia historia. Quizás sean
éstas las señas de identidad de esta
tierra de mar y luz, de azul y ocre, de soldados y
pescadores, de gentes de Almería, conocidas
y anónimas, pero heroicas.
Carboneras es avidez de sol y de sal, de tomillo y
esparto, de aroma y trabajo, de diáspora y
atracción. Su origen no es la atracción
de un medio natural bondadoso y fértil, es
la decisión de una voluntad frente al riesgo,
la necesidad de defender otras tierras más
aptas y mejores para la época. Su medio natural
contrastado y rico pese a su aparente pobreza fue
valorado premonitoriamente; Cala y Flores, en 1919,
decían: "Disponiendo de tales elementos,
no es aventurado predecir que el día que se
mejoren los caminos que conducen hoy a Carboneras
será su playa un punto de baños frecuentado
por la gente del interior, que irá a gozar
entre paisajes risueños y montañas agrestes,
la placidez de una temperatura suave, refrescada por
las brisas marinas blandas y aromosas..." Hoy
Carboneras es algo más que paisaje.
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Celebraciones:
Sin lugar a dudas, son las fiestas de moros y cristianos
dedicadas a San Antonio de Padua el festejo más
emblemático de Carboneras, cuyo texto e historia
recoge el libro de Cala y Flores, reeditado por Grima
en 1993.
En dicho trabajo se narra que dichas celebraciones
bien pudieron tener su origen entre finales del siglo
XVIII y principios del XIX, pues relaciona dicha celebración
con la llegada al pueblo de la imagen de San Antonio
de Padua, que iba camino de Portugal, si bien el patronazgo
oficial no es reconocido hasta el 29 de abril de 1918.
De cualquier forma, el 13 de junio, "al sonreír
el alba", es un momento importante para estar
en Carboneras.
Legado
La riqueza patrimonial de Carboneras está íntimamente
ligada a su origen militar; de hecho, sus monumentos
relevantes, el Castillo de San Andrés y el
sistema de fortalezas constituyen sus señas
de identidad. La construcción más antigua
es la Torre del Rayo, catalogada como de época
nazarí, sobre la que se han añadido
elementos de la época renacentista, como las
ménsulas que la adornan. De forma troncocónica,
está construida de mampostería.
El Castillo de San Andrés es una sólida
construcción cuadrangular de mampostería,
"capaz de resistir la artillería de grueso
calibre" (Madoz). Consta de tres torres cilíndricas
en la esquinas norte, este y oeste, y una gran torre
cuadrada en el ángulo sur de tres plantas.
En torno al patio central se ordena el edificio, con
distintas salas para caballerizas y viviendas. La
puerta de acceso está formada por un arco de
medio punto construido con dovelas, sobre el que campea
el escudo de los marqueses de Carpio, y más
arriba un matacán.
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